Ruta minera

 Historia de la minería Guardense 






















A mediados del siglo diecinueve se descubrió el carbón en la Montaña Palentina.

Fue un punto de inflexión en el desarrollo de las comarcas mineras, con la aparición de numerosas empresas que generaron miles de empleos.

Pero no fue hasta mil ochocientos noventa y cinco cuando, de la mano de la empresa bilbaína Euskaero Castellana, Guardo comenzó su andadura minera.

Posteriormente, la empresa arrendó sus explotaciones a Hullas de Guardo y Velartesca, constituida en mil novecientos uno en Bilbao.

A partir de mil novecientos ocho, la Sociedad Minera San Luis también comenzó su actividad, formando parte de la historia minera guardense.


En mil novecientos nueve se construyó un pozo maestro de setenta metros en Velartesca.

Se pusieron en funcionamiento apeaderos en la estación de ferrocarril, una central eléctrica y lavaderos.

El transporte se hacía con vagonetas tiradas a mano, por animales, y luego con máquinas de vapor o locomotoras.

El trabajo era muy duro, con jornadas de doce horas, salarios bajos y riesgos constantes.


El despegue de la minería guardense fue posible gracias al ferrocarril de Robla en mil novecientos cinco.

En mil novecientos veintinueve se pidió llevar antracita a la planta siderúrgica de Sestao.


Durante la Primera Guerra Mundial, al no poder importar carbón británico, aumentó la producción nacional.

En la segunda mitad del siglo veinte, se construyó una central térmica en Velilla y un ferrocarril minero desde los lavaderos de San Luis.


Los años treinta fueron convulsos por conflictos sociales y la Guerra Civil.

Aun así, en los años cuarenta y cincuenta, hubo crecimiento en la minería local.

Aparecieron nuevas concesiones y empresas como Antracitas de Velilla, Besande y Valdehaya.


En los años sesenta, la crisis del petróleo y los altos costes pusieron en peligro la minería.

En mil novecientos sesenta y cuatro muchas empresas cerraron.

En los años siguientes, los accidentes, la falta de jóvenes mineros y la desmotivación empeoraron la situación.


A finales de los años noventa, la empresa UMINSA absorbió la mayoría de las explotaciones.

Los costes, la baja competitividad del carbón y la reducción de ayudas provocaron el cierre definitivo en dos mil cuatro.

Los últimos mineros de Corvio fueron trasladados a Asturias.

Así terminó la historia de más de cien años de minería en Guardo.


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